“El que no recoge conmigo, desparrama”.
Y el que desparrama, generalmente, utiliza su silencio para condenar a los demás.
En los destellos de luz y esperanza de cada comportamiento humano, en cada gesto y enseñanza de los políticos, de los economistas, de los financieros, de los docentes, debe aparecer la forma sencilla de domar la vida; de tal suerte, que el silencio tenga la elocuencia que hoy parece sobrevivir apenas en los subterráneos. No podemos seguir sustentando la dualidad del silencio, más todavía sabiendo que de esa forma, premiamos a los ricos y poderosos, incluso a los criminales, que saben utilizar su silencio para esconder su crimen y/o esconder su fortuna mal habida.
Callamos la razón de ser de la inestabilidad económica-financiera de nuestro país y de toda la región, en especial silenciamos el gravísimo problema de la deuda externa, como el déficit fiscal que condena nuestro futuro, y seguimos alentando que los ricos no deben pagar impuestos para así invertir, sabiendo que su inversión es una maniobra más, para guardar su fortuna en sistemas offshore; este es un mecanismo de la fuga de divisas, que garantiza que los ricos no sean investigados ni denunciados. Con un silencio de los diferentes medios de comunicación social, premiamos a los poderosos de siempre.
Eso pasa en nuestro país y en todo el mundo.
El silencio, más allá de lo complejo que es el tema, pero que es un aspecto muy rico de nuestro lenguaje, debe ser un portavoz de la verdad y un denunciador de la mentira. Que así sea!!!
“No nos dejemos robar la esperanza”